Benalmádena es el nombre que más malentendidos causa en la Costa del Sol, y es que no se trata de un único pueblo, sino de tres. Benalmádena Pueblo es un pueblo blanco andaluz en la parte alta. Arroyo de la Miel, en el centro, es la zona de trabajo, donde están la estación de tren, las tiendas y la mayoría de los residentes. Benalmádena Costa es la franja del litoral, con Puerto Marina como eje: un puerto deportivo galardonado, de arquitectura excéntrica y que no deja a nadie indiferente. Un teleférico sube hasta el monte Calamorro y en la ladera se encuentra la estupa budista más alta de Europa.
Esta estructura explica el mercado inmobiliario. Casi tres de cada diez residentes empadronados son extranjeros, un porcentaje menor que en las vecinas Fuengirola o Mijas, por mucho que la zona de la costa sugiera lo contrario. Los precios varían según la geografía: Arroyo de la Miel es el distrito más asequible y uno de los que más rápido se revaloriza, mientras que en las calles que rodean el Parque de la Paloma se pide el precio más alto. El tren de cercanías que va a Málaga y a su aeropuerto pasa por el centro, y el clima hace el resto: días de invierno con unos diecisiete grados y picos de verano en torno a los treinta y uno.
No es un lugar para vivir entre españoles. Quienes busquen un pueblo andaluz en el que haya extranjeros, y no al revés, deberían mirar en Nerja, Frigiliana o la propia Málaga. Quienes busquen un toque de distinción, que se decanten por Marbella. Benalmádena es ideal para quien quiera comodidad, una línea de tren y un ambiente internacional, y que sepa a cuál de sus tres núcleos se refiere.